Una ley y un fideicomiso: la odisea de los vertederos en República Dominicana

18

En 2014, la República Dominicana identificó más de 500 basureros a cielo abierto, muchos de ellos con incendios permanentes y sin ningún tipo de gestión sanitaria.

Una década después, la historia del manejo de residuos en el país sigue siendo la de un avance a medias: hay una ley, una política pública, un fideicomiso y varias intervenciones exitosas, pero aún persisten grandes brechas.

Fue en 2014 cuando el país reconoció, con cifras en mano, el colapso de su sistema de gestión de residuos. Un levantamiento realizado por la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA), con el acompañamiento del entonces ministro Bautista Rojas y su equipo, reveló que existían unos 523 vertederos a cielo abierto en todo el territorio nacional. Duquesa era el más notorio, pero no el único crítico. Puerto Plata, Verón, Santiago, Tamboril y Villa Altagracia figuraban entre los más conflictivos, con incendios constantes, una contaminación extendida y sin unas operaciones técnicas mínimas.

“Desde cualquier punto de Santiago se podía ver el humo permanente del vertedero de Tamboril”, recuerda uno de los principales actores de ese proceso, Domingo Contreras, al ser entrevistado para esta serie.

Con ese diagnóstico en mano, el Estado dominicano comenzó a trazar una política de destinos finales y a formular una normativa desde el Ministerio de Medioambiente.

Un estudio conjunto del BID y JICA concluyó que no era sostenible que cada ayuntamiento tuviera su propio vertedero. La solución: crear mancomunidades y avanzar hacia un sistema regional de gestión.
Sin embargo, el gran obstáculo fue, y sigue siendo, el financiamiento. “No había dinero para cierres técnicos ni para la construcción de destinos finales. Apenas se lograban mejoras radicales con intervenciones que costaban 12 mil pesos, como construir una celda rudimentaria y una laguna para lixiviados con una retroexcavadora”, explica Contreras.

La situación cambió parcialmente con la firma del Acuerdo Nacional para Dominicana Limpia, una alianza entre Medioambiente, la Liga Municipal Dominicana, Fedomu, el Ministerio de Educación, la Dirección de Programas Especiales de la Presidencia y la Cervecería Nacional Dominicana. Esa coalición sentó las bases para impulsar un cambio estructural, desde la educación ambiental hasta la normativa técnica y la planificación financiera.

El resultado más tangible fue la aprobación de la Ley 225-20 sobre Manejo Integral de Residuos y Coprocesamiento. Esta legislación definió conceptos, asignó competencias, estableció sanciones, que van desde un salario mínimo hasta 100, y creó un sistema de gobernanza. También permitió la estructuración de un fideicomiso que, aunque limitado, sirvió para iniciar cierres técnicos y habilitar algunos destinos finales en lugares estratégicos: Villa Altagracia, Tamboril, Puerto Plata, Verón, La Vega, Baní y, parcialmente, en San Francisco.

“El fideicomiso no cubría todo el país, pero era un comienzo”, afirma Contreras. Se priorizaron grandes urbes y polos turísticos, como Samaná, Higüey, Puerto Plata y Santo Domingo. En algunos casos, como Salcedo, se optó por estaciones de transferencia. En otros, como Moca, el vertedero urbano planteaba una urgencia.

“En Bonao siempre hubo apoyo de Falconbridge (Dominicana), pero La Vega tenía dificultades. Dajabón no está funcionando”.

Pese a los avances, persisten desafíos estructurales. Solo un 15% de la población paga por el servicio de recogida de basura, y los trabajadores del área son los peores remunerados del país. La mayoría gana menos de seis mil pesos mensuales y trabajan sin equipo ni protección adecuada. Esta precariedad ha empujado a muchos dominicanos fuera del oficio, dejando la labor en manos de migrantes haitianos.

Además, según Contreras, aún falta un centro de monitoreo para dar seguimiento a los planes locales y evaluar el cumplimiento del Plan Nacional de Residuos Sólidos. “No hay informes anuales, ni estudios sobre percepción ciudadana, ni sobre sanciones. Eso es grave. Falta medir la brecha entre planificación y ejecución”.

Pese a todo, Contreras insiste en que no ha faltado voluntad política. “El problema no es que no se haya hecho. Es que falta continuidad. Se necesita reforzar el compromiso educativo, establecer metas anuales, ampliar la cobertura legal y consolidar lo que ya se ha logrado”.

El próximo paso, apunta, no es empezar de nuevo, sino profundizar.

“Los destinos finales no son la meta. Son apenas el inicio. Lo que necesitamos es transformar la cultura”, afirma Contreras.

📲 ¿Tienes una denuncia o deseas promocionar tu negocio?
Contáctanos al 809-853-5020 (Whatsapp y llamada)

🔗 Síguenos en nuestras redes:
X | Telegram | Instagram
Facebook | Threads | YouTube

🙏 ¡Tu apoyo es importante!

🔻DESCARGAR NUESTRA APP "Info ENN"

El Nuevo Norte es un periódico digital dominicano fundado el 12 de febrero de 2006 por el periodista Junior Henríquez, quien funge como director y fundador. A través de la web infoelnuevonorte.com, el medio ofrece información veraz y oportuna sobre los acontecimientos sociales, políticos, comunitarios y de actualidad general, tanto a nivel nacional como internacional, promoviendo un periodismo responsable, participativo y comprometido con la libre expresión y el fortalecimiento de la democracia informativa.