Si hay algo que no encuentra eco en el Gobierno en este momento son los criterios de expertos locales reconocidos y hasta de organismos internacionales contrarios a políticas de Estado que enfaticen con desmedro de las inversiones en gastos para mitigaciones de orden social que no propenden a integrar a la producción a sectores marginados. Cifras oficiales indican que así ocurre en República Dominicana. Predominan partidas no dirigidas al crecimiento productivo mientras las recaudaciones permanecen como las más bajas de América y el país está cada vez más recostado del endeudamiento.
Recientemente la organización Latin American Network for Economic Justice sostuvo que "Los pagos de intereses de la deuda pública de República Dominicana superan la inversión en educación y otras áreas limitando los recursos para sectores clave. Varios economistas y organismos han advertido sobre esta situación, señalando que los intereses de la deuda representan un porcentaje del PIB cada vez mayor, eclipsando recursos a destinarse a la inversión pública en educación, salud y obras".
Desde los oráculos de la alta economía en el continente se ha tratado de influir sobre el Estado dominicano para que recuerde que aunque se pretenda combatir la pobreza con ayudas sociales no condicionadas ni selectivamente dirigidas a quienes más las necesitan, se echa más leña al fuego de los resentimientos y la desigualdad porque la sábana siempre dejaría fuera a muchas familias marginadas: nunca alcanzaría para todos los que la estén pasando mal.
Ninguna recomendación de las que parten de organismos multilaterales va en dirección a eliminar la ayuda social considerada necesaria en primera instancia. Lo pertinente es que sea equilibrada, lo que no se logra cuando el gasto público está mal diseñado y en República Dominicana no lo está porque no incentiva la integración de los beneficiarios a su propia búsqueda de ingresos ni a elevar sus condiciones de vida con esfuerzo propio y mientras se estanca el crecimiento de la economía, bajan las recaudaciones y sube el uso de créditos externos.
PROPUESTAS
El Banco Interamericano de Desarrollo, que tiene un significativo historial de apoyo financiero para el crecimiento de República Dominicana, postula que las ayudas sociales deben aplicarse con un enfoque integral que combine transferencias monetarias condicionadas a objetivos de superación y dirigidas a familias en situación de pobreza comprobada con adición de inversiones para mejorar la calidad de los servicios para niños y adultos discapacitados. Sanear cañadas en Santo Domingo y proporcionar con amplitud transporte escolar gratuito, califican como inversiones sociales.
Para los destinatarios de sus financiamientos dirigidos a impactar a habitantes y sectores productivos que sufren exclusión, las recetas del BID recomiendan asignar prioridad a mujeres vulnerables para impulsar su autonomía como seres productivos y combatir en ellas y en sus descendientes la pobreza estructural en vez de hacerlas recibir ayudas que no cambian su destino.
Aunque el Banco Mundial se abstiene de juzgar a los gobiernos que destinan más recursos a subsidios que a inversiones, aboga por presupuestos equilibrados en el que la asistencia a los pobres se dirija más a invertir en oportunidades de empleo y proveer una ayuda que no se limite al reparto de dádivas. Sin embargo la entidad multilateral reconoce al asistencialismo social como una herramienta de protección social pero solo para los más vulnerables.
DUREZA CRÍTICA
El exgobernador del Banco Central, Bernardo Vega, cuestionó el énfasis del Gobierno en inyectar dinero a bolsillos de pobres y subsidiar la electricidad más allá de lo razonable aunque una tercera parte de la población no la paga (o se comete la destructiva negligencia de no cobrársela) y criticó que el país haya pasado otra vez a estar restringido a un presupuesto que no se acoge a prioridades.
"El resultado es un bajísimo nivel de inversión pública, lo que afecta la capacidad de dar servicios en el área de la educación y la salud, entre otros. Dada esta situación nuestro Gobierno opta por endeudarse en el extranjero para cubrir gastos corrientes, lo cual es una herejía financiera". expresó Vega en su artículo del pasado 25 de noviembre en este diario.
Andy Dauhajre, criticó también, ha argumentado que la carga de subsidios generalizado a menudo beneficia a grupos de altos ingresos en lugar de a los más necesitados, añadiendo una dramática advertencia: el gastos excesivo puede llevar a una crisis económica. Y sentenció: "Es necesario tomar medidas urgentes para reestructurar las finanzas públicas".
El endeudamiento (incluso por falta de prioridades) ha estado en la mira de críticos como Miguel Collado Di Franco que lo ha relacionado con el hecho de tomar prestado para financiar el déficit presupuestal. Y consideró obvio que si el gasto corriente de la presente administración del Estado alcanza el 16% versus el gasto de capital que no pasa del 2.5%, la preferencia de la ejecución presupuestaria no va hacia la inversión.




