El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, podría haber sobreestimado el atractivo inmediato del petróleo venezolano para las compañías energéticas estadounidenses, pese a su entusiasmo por una eventual reapertura del sector tras la captura de Nicolás Maduro.
Fuentes de la industria consultadas por CNN advirtieron que las petroleras estadounidenses no están dispuestas, por ahora, a regresar masivamente a Venezuela, debido a la inestabilidad política, el colapso de la infraestructura petrolera, el historial de expropiaciones y un contexto de precios internacionales del crudo poco favorable.
“El interés por invertir en Venezuela en este momento es bastante bajo. No sabemos cómo será el Gobierno allí”, señaló una fuente del sector. “El deseo del presidente es distinto al de la industria”.
Aunque la Casa Blanca sostiene que las empresas energéticas están listas para invertir y reconstruir la industria petrolera venezolana, ejecutivos y analistas consideran que la retórica política no coincide con la realidad operativa y financiera.
Un sector petrolero en ruinas
Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, pero años de falta de inversión, sanciones, corrupción y mala gestión han dejado a la industria en condiciones críticas. La estatal PDVSA enfrenta graves limitaciones técnicas y financieras, mientras el país carece de capital propio para relanzar el sector.
Según estimaciones de la consultora Rystad Energy, mantener la producción actual, alrededor de 1.1 millones de barriles diarios, requeriría US$53,000 millones en inversión durante los próximos 15 años. Para volver a los niveles de producción de finales de los años 90, cercanos a 3 millones de barriles diarios, la inversión necesaria ascendería a US$183,000 millones hasta 2040.
A ello se suma que gran parte del crudo venezolano es petróleo pesado, más costoso y complejo de extraer y refinar que el petróleo ligero producido en regiones como la Cuenca Pérmica en Estados Unidos.
Precios bajos y alto riesgo
El contexto internacional tampoco favorece una inversión de alto riesgo. Los precios del petróleo cayeron cerca de un 20 % el año pasado, situándose alrededor de US$60 por barril, un nivel que no incentiva megaproyectos en entornos inestables.
“La idea de que la industria petrolera venezolana se reactive de la noche a la mañana es irreal”, afirmó Doug Leggate, analista de Wolfe Research. “Es demasiado pronto para hablar de eso”.
Además, el historial de expropiaciones pesa con fuerza. Empresas como ExxonMobil y ConocoPhillips aún reclaman miles de millones de dólares por activos nacionalizados durante el gobierno de Hugo Chávez, lo que eleva significativamente la prima de riesgo país.
Chevron, la excepción
En este escenario, Chevron aparece como la única gran petrolera estadounidense mejor posicionada para operar en Venezuela. La compañía mantiene una presencia histórica en el país y produce actualmente unos 150,000 barriles diarios, bajo licencias especiales otorgadas por Washington.
No obstante, Chevron evitó pronunciarse sobre una eventual expansión de sus operaciones tras la caída de Maduro.
Analistas coinciden en que Venezuela no es la única alternativa energética en la región, y que países vecinos como Guyana ofrecen entornos más estables y atractivos para la inversión petrolera.
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