Pasantías médicas: una obligación legal marcada por desigualdades

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Para los médicos recién graduados, el camino para ejercer legalmente en la República Dominicana comienza con un año como pasantes -que puede ser con o sin salario-, lejos de casa y bajo condiciones desiguales que marcan el inicio de su vida profesional. Mientras, se debate un proyecto de ley que busca reducir esta etapa a seis meses. 

La obtención de una plaza para realizar la pasantía médica obligatoria continúa siendo uno de los principales retos para los recién graduados que desean obtener su execuátur y ejercer de manera legal en el país, tal como dicta desde el año 1967 la Ley 146-67.

A través del portal del Servicio Nacional de Salud (SNS), los médicos eligen entre la modalidad nominal (con salario) y la honorífica (sin cobro de prestaciones), así como la provincia y local de salud a donde desean estar, incluyendo Centros de Atención Primaria que han abierto el abanico de oportunidades para la selección.

Sin salario, ¿por elección?

Una situación familiar obligó a Jason, de 26 años, a suspender sus aspiraciones de hacer una pasantía nominal en Montecristi o Barahona e ingresar en una honorífica en un hospital del ensanche La Fe, en el Distrito Nacional.

Aunque su horario oficial es de 7:00 de la mañana a 2:00 de la tarde, puede extenderse hasta las 5:00 p.m. si no ha culminado los pendientes del día. A esto se le suma un sistema aleatorio que usa el hospital donde, a través de una tómbola, se sortean servicios de 12 y 24 horas, teniendo que amanecer en el centro los fines de semana.

"Tenemos que hacer la labor de un residente de primer año (R1) pero en la escala, como pasantes, estamos por debajo de los médicos generales", se queja. "Uno ha aprendido mucho; me gusta participar en las cirugías, no te miento, pero no hay motivación".

Para él ha sido muy cuesta arriba solventarse el transporte y el pago de sus necesidades diarias, ya que no cuenta con un ingreso fijo, a diferencia de sus compañeros que realizan la pasantía en otros centros. "Aunque sé que no incluía salario, me habían dicho que antes daban algunos incentivos, pero ya ni eso. De tener la oportunidad, jamás volvería a tomar la modalidad honorífica", se lamenta.

La Unidad de Pasantías Médicas del Servicio Nacional de Salud recibe anualmente entre 3,000 y 3,500 solicitudes de egresados de la carrera de Medicina a nivel nacional, cifras que evidencian la alta demanda de pasantías. Estas peticiones superan la disponibilidad actual de 2,214 plazas presupuestadas, lo que genera una lista de espera para la asignación de pasantías remuneradas, limitando el acceso oportuno. 

  • Las provincias con mayor demanda para las prácticas médicas son Santiago, Duarte, La Vega, San Cristóbal, San Pedro y Santo Domingo. En la modalidad honorífica, el tiempo de espera es de una a dos semanas. Hay registradas en el sistema 3,900 de este tipo. 

Rápido aún sin sueldo

Esmeralda corrió con una suerte distinta a la de Jason. Aplicó a una pasantía honorífica en el Hospital Padre Billini, en el Distrito Nacional, que le permitía disfrutar de sus tardes y los fines de semana.

"Creía que iba a entrar a un internado 2.0, rotando por las estaciones, pero no fue así. Entré en una pasantía sin sueldo porque no quería durar mucho en la espera y así concursar para la residencia lo antes posible; contaba con el apoyo de mi familia para sustentar mis gastos", relata.

"Iba a tener que esperar un año para una plaza nominal, pero en 15 días pude formalizar mi carta de designación para la honorífica", replica Dayana, otra joven que se prepara para el examen de marzo próximo que le permitirá concursar por una especialidad.

Precariedades en los pueblos

En contraste al fácil acceso a comida, transporte y servicios que ofrecen las grandes ciudades, en los centros hospitalarios y Unidades de Atención Primaria (UNAP) de las zonas rurales se observa, muchas veces, déficit de insumos para el día a día, a pesar de los incentivos por distancia que se suman al salario mensual.

Noelia realiza su pasantía de grado en un Centro de Primer Nivel (CPN) en San Cristóbal. De acuerdo con su experiencia, la espera fue "larga y agotadora"; el sistema de asignación de plazas "no es justo" y las labores del día a día se dificultan porque "hay que aprender a trabajar con lo que aparece y no con lo que realmente se necesita".

En el caso de Luis -quien dejó todo lo que conocía en Santo Domingo para asentarse por un año en una zona de Elías Piña donde encontrar internet es todo una hazaña-, este valora como positiva la digitalización del sistema donde se seleccionan las vacantes disponibles. "El problema es que hay que esperar a que se vacíe una plaza para entrarte a ti. Anteriormente, para los que se graduaban con mayor índice académico, la plaza era más rápida, pero ya eso lo quitaron, ya todo el mundo es igual", comenta.

El joven devenga un salario de casi 50,000 pesos y, por tratarse de una provincia fronteriza, recibe un incentivo por distancia. En el caso de Noelia, su pasantía paga 54,000 pesos.

En cuanto a la jornada de trabajo, Luis tiene un descanso de tres días cada 15 días (un fin de semana sí y otro no) y vive interno en la CPN junto con otro pasante. Noelia trabaja jornadas de ocho horas diarias y realiza guardias los días feriados, en época de Navidad y Semana Santa, aunque solicitó "responsabilizar más a los médicos familiares en sus áreas laborales para no cargar tanto al pasante".

Plaza soñada: un privilegio

Patricia López califica su pasantía como una buena experiencia. Solicitó plaza en Valverde, donde ya tenía algunos amigos y familiares. "Solo tuve que esperar dos meses, cuando algunos de mis compañeros debieron esperar hasta ocho. Mi Unidad de Atención Primaria era nueva y estaba equipada para que yo viviera ahí. Salía cada 15 días", dice.

Su pasantía era remunerada, aunque vio a muchos colegas decantarse por una pasantía honorífica con el fin de acortar el tiempo de espera para que se vaciaran las plazas o por no trasladarse a poblados lejanos. "Mientras más rápido entras a la pasantía, más rápido puedes concursar para la residencia médica y hacer la especialidad", explica.

Sobre los desafíos, Patricia señala que hay que lidiar con muchas precariedades. "Hay que hacer rejuego con lo que hay. Los pacientes no tienen ni para ponerse un suero y eso que mi UNAP era moderna", observa.

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