En el último año, el discurso sobre el desarrollo de la República Dominicana ha girado en torno a palabras clave que se repiten como mantra: innovación, competitividad, transformación digital, nearshoring, industria 4.0, economía del conocimiento.
Sin embargo, cuando se observan con detenimiento las cifras oficiales de matrícula universitaria del Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (MESCyT) correspondientes a 2024 -los últimos disponibles públicamente- emerge una realidad incómoda: el sistema de educación superior dominicano no está formando, en cantidad suficiente, a los profesionales que ese modelo de país necesita.
Los datos del MESCyT revelan una estructura universitaria profundamente concentrada en carreras tradicionales, con una baja participación relativa de las carreras STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), precisamente las que constituyen ese motor del crecimiento económico, innovación y la soberanía tecnológica en el siglo XXI del que se habla en el discurso arriba mencionado.

Una universidad mayoritaria… pero no estratégica
Remitiéndonos a los datos del MESCyT 2024, la matrícula total de educación superior en República Dominicana alcanzó 520,524 estudiantes. De ese total, el 66% son mujeres y el 34% hombres, una feminización clara y sostenida del sistema universitario dominicano.
Esta composición, positiva en términos de acceso y equidad, esconde sin embargo un patrón de distribución que resulta clave para entender el problema STEM.
La mayor parte del estudiantado se concentra en tres grandes bloques: Administración de Empresas, Ciencias Jurídicas y Políticas, Salud y bienestar y Educación. Estas áreas reúnen, juntas, casi la mitad de toda la matrícula universitaria nacional. Son carreras socialmente valoradas, percibidas como más accesibles, con trayectorias laborales conocidas y, en muchos casos, compatibles con el trabajo mientras se estudia.
Las carreras con más estudiantes en República Dominicana
Datos (top áreas)
| Área de conocimiento | Estudiantes |
|---|---|
| Administración, Ciencias Jurídicas y Políticas | 123,448 |
| Salud y bienestar | 93,533 |
| Educación | 54,030 |
| Ingeniería, industria y construcción | 43,483 |
| TIC | 39,800 |
| Servicios | 11,838 |
| Ciencias Naturales, Matemáticas y Estadística | 3,584 |
- Las carreras que administran, educan y atienden concentran la matrícula.
- Las que diseñan, calculan y programan, no.
Fuente: MESCyT
¿Cuántos estudian realmente carreras STEM en RD?
Las STEM, en cambio, ocupan un espacio mucho más reducido. Si se agrupan las áreas directamente vinculadas a STEM según la Clasificación Nacional de Educación y Formación, el panorama es el siguiente:
- Ingeniería, industria y construcción: 43,483 estudiantes
- Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC): 39,800 estudiantes
- Ciencias Naturales, Matemáticas y Estadística: 3,584 estudiantes
En conjunto, estas áreas suman aproximadamente 86,800 estudiantes, lo que representa menos del 17 % del total de la matrícula universitaria del país. En otras palabras: más de ocho de cada diez universitarios dominicanos no se están formando en áreas STEM.
Para una economía que aspira a insertarse en cadenas globales de valor, atraer inversión tecnológica, fortalecer la industria, modernizar el Estado y competir en la región, este dato no debería pasar por debajo de la mesa.
¿Cuántos estudian carreras STEM en RD?
| Área STEM | Estudiantes |
|---|---|
| Ingeniería, industria y construcción | 43,483 |
| TIC | 39,800 |
| Ciencias básicas | 3,584 |
| Total STEM | ≈ 86,800 |
- No STEM: ≈ 433,700
- Dato clave: Solo 17 % de los universitarios dominicanos estudian carreras STEM.
Fuente: MESCyT
El peso de las carreras tradicionales
El contraste es aún más evidente cuando se observan las áreas con mayor volumen de estudiantes.
Administración, Derecho y Ciencias Políticas: el gran bloque dominante
Con 123,448 estudiantes, esta área es la más poblada del sistema universitario dominicano. Agrupa carreras como Administración de Empresas, Contabilidad, Derecho, Mercadeo, Relaciones Internacionales y afines.
No se trata de cuestionar su valor social o económico, sino de reconocer que su peso relativo es desproporcionado frente a las áreas técnicas y científicas. En muchos casos, estas carreras funcionan como una puerta de entrada “segura” a la universidad, incluso para estudiantes con debilidades previas en matemáticas o ciencias.
Educación: la segunda gran fuerza
El área de Educación concentra 54,030 estudiantes, con una marcada mayoría femenina. La expansión de la formación docente responde a políticas públicas concretas y a una demanda estructural del sistema escolar.
Sin embargo, esta expansión no ha ido acompañada de una estrategia equivalente para fortalecer la formación en ciencias, tecnología o matemáticas dentro del propio sistema educativo.
Salud y bienestar: alta demanda y feminización
Con 93,533 estudiantes, las carreras de salud constituyen otro pilar del sistema universitario. Medicina, Enfermería, Psicología y Odontología atraen vocaciones claras y cuentan con alto prestigio social.
Pero, nuevamente, su crecimiento no compensa la baja participación de las STEM en sentido estricto.
STEM: crecimiento insuficiente
Aunque las carreras STEM no están estancadas -ingeniería y TIC han crecido en la última década-, su expansión es lenta en relación con las necesidades del país.
Ingeniería: una base todavía reducida
Las carreras de ingeniería, industria y construcción reúnen 43,483 estudiantes, con una mayoría masculina (65 %). A pesar de su relevancia para sectores como infraestructura, energía, manufactura y logística, siguen siendo percibidas como carreras difíciles, largas y de alto riesgo académico.
TIC: clave para el futuro, pero no masivas
Las Tecnologías de la Información y la Comunicación suman 39,800 estudiantes, una cifra relevante pero aún insuficiente para un país que apuesta por la digitalización del Estado, los servicios financieros, el comercio electrónico y la atracción de empresas tecnológicas.
Además, el área TIC presenta una de las brechas de género más profundas del sistema universitario: solo el 19 % de sus estudiantes son mujeres.
Ciencias básicas: el eslabón más débil
El dato más preocupante está en Ciencias Naturales, Matemáticas y Estadística, con apenas 3,584 estudiantes en todo el país. Este grupo constituye la base del conocimiento científico, la investigación, la innovación y la formación avanzada, pero es prácticamente marginal dentro del sistema.
Sin ciencias básicas fuertes, no hay ingeniería sólida, ni innovación tecnológica sostenible.
El mayor problema: casi nadie estudia ciencias básicas
Ciencias Naturales, Matemáticas y Estadística: 3,584 estudiantes = < 1 % del total universitario
Sin matemáticos, físicos y científicos, no hay ingeniería sólida, ni innovación sostenible, ni soberanía tecnológica.
Fuente: MESCyT
Brechas persistentes y señales contradictorias
Por otra parte, aunque las mujeres son mayoría en la universidad dominicana, siguen siendo minoría en las carreras STEM, especialmente en TIC e ingeniería.
Uno de los errores más comunes es responsabilizar exclusivamente a las universidades por la baja matrícula STEM. La realidad es más compleja y las respuestas deben buscarse en el sistema educativo preuniversitario. Cuando los estudiantes llegan a la universidad, muchos ya han desarrollado una aversión al riesgo académico, y optan por carreras que perciben como más manejables.
Por otra parte, el mercado laboral dominicano envía señales mixtas. Por un lado, empresas tecnológicas, zonas francas, constructoras y firmas de servicios especializados reportan dificultades para encontrar talento técnico calificado. Por otro, los salarios iniciales en algunas áreas STEM no siempre resultan lo suficientemente atractivos frente al esfuerzo académico requerido.
Esta desconexión desalienta vocaciones y refuerza la idea de que «no vale la pena» asumir el reto de una carrera científica o tecnológica.
El costo de no apostar por STEM
La baja matrícula STEM no es un problema abstracto, tiene consecuencias concretas: menor capacidad de innovación nacional, dependencia tecnológica del exterior, limitaciones para atraer inversión de alto valor agregado y pérdida de competitividad regional, entre otras.
República Dominicana ha logrado ampliar el acceso a la educación superior. Ahora, el reto es alinear el sistema universitario con el proyecto de desarrollo del que se habla. La pregunta no es si el país necesita más ingenieros, científicos y tecnólogos, sino si está dispuesto a crear las condiciones para formarlos pues el mundo donde el conocimiento técnico define el poder económico pasa necesariamente por formar talento STEM.
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