La mujer dominicana desempeña roles estelares en la actividad aeronáutica de la nación, ocupa posiciones que van desde la atención directa a los pasajeros hasta otras funciones técnicas y operativas que resultan determinantes para la seguridad del transporte aéreo y el desempeño económico del país.
Su presencia no se limita a áreas tradicionalmente visibles (como las de azafatas), sino que se extiende a la planificación de vuelos, el control del tráfico aéreo, el mantenimiento de aeronaves, la instrucción académica y la operación de nuevas tecnologías, como los sistemas de aeronaves pilotadas a distancia.
Es una realidad que puede verse a través del historial de licencias emitidas por el Instituto Dominicano de Aviación Civil (IDAC), que documenta la participación femenina en una industria altamente regulada, donde cada función requiere una habilitación específica y una formación técnica definida.
Mujeres en la aviación civil dominicana
En total, a lo largo de la historia de la institución se han emitido 3,113 licencias a mujeres, un universo diverso que permite dimensionar el alcance real de su inserción en el sistema aeronáutico nacional. La mayor concentración de licencias corresponde a las tripulantes de cabina, con 2,635 credenciales.
Estas profesionales, conocidas también como auxiliares de vuelo o sobrecargos, son responsables directas de la seguridad de los pasajeros a bordo de las aeronaves comerciales.
Su labor va más allá del servicio al cliente e incluye la gestión de emergencias, la aplicación de protocolos de seguridad y la coordinación con la tripulación técnica durante todas las fases del vuelo (planificación y despacho del vuelo, rodaje, despegue, ascenso, crucero, descenso, aproximación y aterrizaje). Se trata, además, de una ocupación que exige certificaciones periódicas y entrenamiento continuo, y que conecta de forma directa con el dinamismo del turismo, uno de los pilares de la economía dominicana.
La presencia femenina también se manifiesta en áreas críticas menos visibles para el público. Un ejemplo es el control del tránsito aéreo, con 88 licencias emitidas a mujeres. El controlador de tránsito aéreo es responsable de garantizar el movimiento seguro y eficiente de las aeronaves dentro del espacio aéreo, ya sea desde torres de control, centros de aproximación o dependencias de ruta. Su función consiste en mantener separaciones seguras entre aeronaves, autorizar trayectorias de vuelo y orientar a los pilotos durante el despegue, el aterrizaje y el vuelo en ruta. Para ello, utiliza sistemas de radar, equipos de comunicación y plataformas informáticas avanzadas, y debe tomar decisiones en tiempo real bajo altos niveles de presión, siempre en estricto apego a los reglamentos vigentes.
En tierra… y en el aire
En el ámbito de la operación de aeronaves, los datos históricos del IDAC registran la emisión de 45 licencias de piloto privado a mujeres, 25 de piloto comercial y 12 de piloto de transporte de línea aérea, además de 161 licencias de estudiante piloto. A estas se suman tres instructoras de vuelo autorizadas y dos instructoras de teoría aeronáutica, lo que evidencia que la participación femenina no se limita al ejercicio operativo, sino que también alcanza la formación de nuevos profesionales. El piloto privado representa la etapa inicial del proceso formativo y permite adquirir las competencias básicas de vuelo, mientras que las licencias comerciales y de transporte habilitan para operar aeronaves en servicios remunerados y aerolíneas, respectivamente.
En el país el IDAC es la institución y autoridad responsable de regular y promover la aviación civil, así como de emitir las licencias del personal aeronáutico conforme a la normativa nacional e internacional aplicable.
Otro rol fundamental dentro del engranaje operativo es el del despachador de vuelo, con 48 licencias emitidas a mujeres a la fecha. Esta función, esencial para la seguridad aérea, se desarrolla en tierra y consiste en la planificación técnica de cada operación. El despachador analiza condiciones meteorológicas, rutas, consumo de combustible, peso y balance de la aeronave, y coordina con pilotos y autoridades para garantizar que el vuelo se realice dentro de los márgenes de seguridad establecidos. Su trabajo conecta directamente la planificación con la ejecución, y cualquier error en esta etapa puede tener consecuencias operativas significativas.
También en el área técnica
El mantenimiento de aeronaves constituye uno de los pilares de la seguridad aérea y representa, al mismo tiempo, uno de los mayores retos en términos de formación y relevo generacional.
En el caso femenino, se han emitido 17 licencias de técnico en mantenimiento de aeronaves y 66 licencias de estudiante técnico en esta área. El técnico de mantenimiento aeronáutico no es un mecánico cualquiera. Cada tarea que realiza responde a procedimientos documentados, analizados y aprobados previamente, y la licencia que se le otorga depende de la habilitación específica que posea para determinados sistemas o componentes de la aeronave. En 2017, el país había emitido 4,500 licencias de técnicos de mantenimiento, entre hombres y mujeres, de las cuales aproximadamente 50% correspondía a personal activo, según registros numéricos oficiales de esa fecha.
Para ese momento, cerca del 60 % de los técnicos activos superaba los 50 años, lo que puso de relieve la necesidad de fortalecer el relevo generacional en esta área estratégica. La incorporación de más mujeres a la formación técnica encaja bien en ese contexto, como una variable relevante para la sostenibilidad del sistema.
Hasta con drones
El marco regulatorio que rige al personal de mantenimiento se apoya en estándares internacionales. La Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) establece métodos recomendados sobre el perfil y las competencias del técnico en mantenimiento de aeronaves, contenidos en los anexos del Convenio sobre Aviación Civil Internacional, firmado en Chicago en 1944. República Dominicana, como país signatario, incorporó esos lineamientos a su legislación mediante la Ley 491-06 de Aviación Civil y su reglamento de aplicación para personal no piloto. En el caso de los pilotos, la normativa específica está contenida en el Reglamento Aeronáutico Dominicano 65 (RAD 65).
La evolución tecnológica también ha abierto espacios para la participación femenina en nuevas modalidades de operación aérea. En los registros del IDAC figuran siete licencias de piloto a distancia emitidas a mujeres, un certificado de piloto a distancia y tres credenciales de operación de drones. La operación de aeronaves pilotadas a distancia está sujeta a requisitos específicos, como la presentación de formularios, evidencias documentales, licencias y registros cuando aplican, así como mapas con las coordenadas del área de operación. Existen, además, excepciones para drones de menos de 249 gramos, que no requieren licencia ni seguro, y disposiciones particulares para operadores extranjeros, siempre bajo criterios de seguridad y control del espacio aéreo.
Una presencia distribuida
Cifras obtenidas por elCaribe, vía el IDAC, indican que la participación femenina en la aviación dominicana no responde a un único perfil ni a una sola función. Se trata de una presencia distribuida en la cadena operativa, desde la formación inicial hasta los niveles de mayor responsabilidad técnica.
La aviación es un sector transversal para la economía dominicana. Sostiene el turismo, facilita el comercio, conecta al país con los principales mercados y genera empleos altamente especializados. En ese contexto, el rol de la mujer no es accesorio ni simbólico, sino parte integral del funcionamiento del sistema. Cada controladora en una torre, cada técnica que certifica una aeronave, cada despachadora que planifica un vuelo o cada tripulante de cabina que gestiona una emergencia contribuye, desde su función específica, a mantener en operación una de las actividades más reguladas y estratégicas del país.
Lejos de ser un fenómeno aislado, la presencia femenina en la aviación dominicana se ha construido a lo largo del tiempo a partir de formación, licencias y experiencia acumulada. Los registros históricos del IDAC ofrecen una radiografía objetiva de ese proceso y permiten entender cómo, más allá de los estereotipos, la mujer ocupa hoy espacios decisivos en una industria donde la precisión, la disciplina y el conocimiento técnico son condiciones indispensables para volar con seguridad.
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