Un colapso repentino en medio de un partido de baloncesto. Un dolor opresivo en el pecho que aparece mientras caminamos. Aunque muchas veces se usan como sinónimos, el paro cardíaco repentino y el ataque cardíaco no son lo mismo. Conocer sus diferencias, factores de riesgo y cómo actuar puede marcar una diferencia decisiva.
Paro cardíaco repentino: cuando el corazón se detiene
El paro cardíaco repentino ocurre cuando el corazón deja de latir de forma efectiva, generalmente debido a una arritmia fatal.
Puede suceder mientras la persona está activa —haciendo ejercicio o compartiendo con amigos— y se manifiesta con un colapso súbito y pérdida del conocimiento. Al no bombear sangre, el cerebro deja de recibir oxígeno y la persona se desploma.
Entre las arritmias más peligrosas se encuentran la fibrilación ventricular y la taquicardia ventricular, en las que el corazón late demasiado rápido y de forma desorganizada, impidiendo que la sangre llegue adecuadamente a los órganos vitales.
En un caso de paro cardíaco, el tiempo es crucial: hay que llamar de inmediato al 911, solicitar un desfibrilador externo automatizado (DEA) y, si es seguro hacerlo, iniciar reanimación cardiopulmonar (RCP) con compresiones torácicas.
El DEA guía paso a paso al usuario y, si detecta un ritmo peligroso, aplicar una descarga para restablecer el latido normal.

Ataque cardíaco: un problema de circulación
El ataque cardíaco, en cambio, ocurre cuando un bloqueo impide que la sangre fluya hacia el músculo cardíaco.
La persona puede experimentar dolor en el pecho, presión, dificultad para respirar o malestar en la parte superior del cuerpo. Aunque no siempre provoca un paro cardíaco, en algunos casos puede desencadenarlo debido a la falta de oxígeno en el tejido cardíaco.
Después de los 35 años, el principal factor de riesgo es la enfermedad de las arterias coronarias, asociada a hipertensión, diabetes, tabaquismo, colesterol elevado y antecedentes familiares. Las placas de colesterol pueden romperse y bloquear el flujo sanguíneo, provocando el evento.
¿Quiénes son más propensos?
En menores de 35 años, el paro cardíaco repentino suele estar relacionado con miocardiopatías, especialmente la miocardiopatía hipertrófica, una condición en la que el músculo cardíaco se engrosa y se vuelve más propenso a arritmias. Esta afección puede presentarse incluso en atletas jóvenes aparentemente sanos.
En adultos mayores de 35 años, el riesgo aumenta por factores cardiovasculares tradicionales. Las personas sedentarias pueden tener mayor probabilidad de eventos cardíacos, pero también los atletas de alto rendimiento ejercen una gran demanda sobre el corazón, por lo que deben realizar controles médicos regulares.
La historia familiar de paro cardíaco repentino es un dato clave durante la evaluación médica. Los especialistas suelen realizar exámenes físicos, electrocardiogramas, radiografías de tórax y, en algunos casos, pruebas de esfuerzo cardiopulmonar para detectar anomalías sutiles.
Ejercicio, pero con seguridad
El ejercicio es fundamental para la salud física y mental, pero debe practicarse de forma segura y adaptada a cada persona. Incluso alguien de 65 años que ha corrido maratones y se ha sometido a cirugía cardíaca puede continuar activo, ajustando la intensidad y frecuencia cardíaca bajo supervisión médica.
Lo más importante es escuchar al cuerpo. Dificultad para respirar con esfuerzo leve, opresión en el pecho, mareos o desmayos son señales de alerta que requieren evaluación inmediata.
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