Hablar de dinero con la Generación Z es hablar de un cambio de mentalidad. No se trata de rebeldía ni de desprecio por las reglas financieras tradicionales. Más bien, responde al contexto en el que esta generación llegó a la adultez: inflación persistente, empleos flexibles, crisis climática y un mundo completamente digitalizado.
En ese escenario, la relación de los jóvenes con el dinero ya no sigue la lógica clásica de "ahorrar primero, gastar después". En cambio, se mueve en un modelo híbrido donde conviven el ahorro preventivo, las experiencias personales, el consumo digital y, cada vez más, la inversión temprana.
Los números ayudan a entender el fenómeno. Diversos estudios señalan que el 55 % de los jóvenes no cuenta con ahorros suficientes para cubrir emergencias, mientras que el 51 % prioriza precisamente guardar dinero para imprevistos.
Es decir, aunque el ahorro sigue siendo importante, su enfoque es distinto: está más vinculado a la seguridad inmediata que a planes lejanos como la jubilación.
Una generación que decide en digital

La transformación no se explica únicamente por el uso de la tecnología, sino por la forma en que toman decisiones de consumo.
De acuerdo con el Future Consumer Index 2024 de la empresa EY, una parte importante de los jóvenes realiza compras en línea influenciadas por creadores de contenido. Esto refleja que el consumo ya no es solo una comparación racional de precios, sino también una experiencia social validada digitalmente.
Los datos confirman ese comportamiento. Según NielsenIQ, el 44 % de los jóvenes comienza la búsqueda de productos en internet, el 40 % utiliza motores de búsqueda y el 30 % explora redes sociales antes de decidir qué comprar.
Sin embargo, eso no significa que hayan abandonado las tiendas físicas. De hecho, el 35 % todavía visita establecimientos tradicionales, lo que demuestra que para ellos el consumo no es digital u offline, sino una experiencia integrada.
"La Generación Z no distingue entre consumo físico y digital. Para ellos es una sola experiencia donde la recomendación y la confianza pesan más que la publicidad tradicional", explica la experta en comportamiento del consumidor Liduvina Valencia Márquez, docente experta de BIU University Miami (Broward International University).
Experiencias antes que posesiones
Otro rasgo que define el comportamiento financiero de esta generación es la prioridad que dan a las experiencias.
Según la Asociación Colombiana de Agencias de Viajes y Turismo (ANATO), el 61 % de los jóvenes busca experiencias turísticas que tengan impacto positivo en comunidades locales, mientras que el 51 % estaría dispuesto a cambiar su destino por uno menos popular si eso reduce su huella ambiental.
Al mismo tiempo, aunque el 73 % prioriza opciones inteligentes en costo, cerca del 45 % planea aumentar su gasto en viajes en los próximos años.
Algo similar ocurre con el entretenimiento. El estudio Gen Z LATAM: Mitos, Verdades & Tendencias de Samy Alliance revela que el 58 % considera los viajes una prioridad, mientras que el 51 % prefiere gastar en festivales y conciertos.
En otras palabras, el dinero ya no se orienta únicamente a acumular patrimonio. También se utiliza para construir identidad, bienestar emocional y experiencias memorables.
El nuevo significado del ahorro

Sin embargo, detrás de ese consumo también hay preocupación. Y es que el panorama económico global ha cambiado la forma en que los jóvenes conciben el ahorro.
El informe Better Money Habits 2025 de Bank of America señala que más de la mitad de la Generación Z no tiene ahorros suficientes para cubrir tres meses de gastos, mientras que el 53 % siente que no gana lo necesario para vivir como quisiera.
Esto explica por qué muchas de sus decisiones financieras se enfocan en el corto plazo. Según el World Economic Forum, el 51 % prioriza ahorrar para emergencias, mientras que el interés por la jubilación queda relegado.
Al mismo tiempo, aparece un fenómeno cada vez más visible: el llamado "gasto invisible". Suscripciones digitales, microtransacciones o pagos fraccionados que, aunque parecen pequeños, terminan acumulándose.
"Es una generación financieramente activa, pero emocionalmente presionada. Ahorran por miedo a la inestabilidad, pero consumen para mantener bienestar y conexión social", explica Valencia.
La relación con el dinero también está cambiando porque la relación con el trabajo es distinta. De acuerdo con estudios de Deloitte, el 89 % de los jóvenes considera que el propósito es clave para su bienestar laboral, mientras que apenas un 6 % aspira prioritariamente a posiciones de liderazgo corporativo.
En lugar de escalar jerarquías tradicionales, muchos prefieren flexibilidad, aprendizaje continuo y desarrollo personal.
Esto se refleja en sus decisiones profesionales. Cada vez más jóvenes diversifican sus ingresos, trabajan por proyectos, participan en economías digitales o combinan empleos con emprendimientos.
En ese sentido, el dinero deja de ser solo un objetivo acumulativo y se convierte en una herramienta para sostener un estilo de vida alineado con valores y propósito personal.
Todo esto ocurre en un momento clave para América Latina. Según análisis de la firma de investigación Kantar, la región está envejeciendo rápidamente y para 2050 las personas mayores de 50 años representarán cerca del 40 % de la población.
En ese escenario, la Generación Z no solo es el presente del consumo: también será el motor del sistema financiero en las próximas décadas.
Sus decisiones ya están redefiniendo algunas reglas básicas:
- Consumen guiados por valores, recomendaciones y comunidades digitales.
- Priorizan liquidez y experiencias por encima de la acumulación a largo plazo.
- Empiezan a invertir antes, pero con foco en la seguridad financiera.
Entender cómo esta generación maneja su dinero no es simplemente observar hábitos juveniles. En realidad, es anticipar cómo cambiarán el ahorro, el crédito, el consumo y la estabilidad económica en la próxima década.
La Generación Z no está eliminando las reglas financieras. Simplemente está escribiendo otras nuevas, adaptadas a un mundo más incierto, más digital y mucho más inmediato.
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