El conflicto energético que comenzó a sacudir los mercados internacionales a finales de febrero ya empieza a reflejar señales más concretas en la economía dominicana.
Lo que inicialmente era observado como un riesgo externo, asociado a la escalada geopolítica en Irán y sus repercusiones en el suministro global de crudo, comienza a traducirse en decisiones fiscales, en algunos casos, y por otro lado en presiones sobre los precios y advertencias cada vez más claras desde distintos frentes del equipo económico.
Por lo que se ve y se oye, el debate no se limita exclusivamente ya a anticipar posibles impactos; localmente empieza a configurarse una discusión más profunda y la interrogante de hasta dónde puede el país absorber un choque energético prolongado y cuáles serían los costos económicos y sociales de hacerlo.
Por ejemplo, el economista Haivanjoe Ng Cortiñas sostuvo ayer que las recientes declaraciones, por un lado, sobre la necesidad de actuar con prudencia ante el aumento del petróleo y las presiones inflacionarias que ya se observan en Estados Unidos y Europa, contrastan con el mensaje de mayor tranquilidad transmitido desde el Ministerio de Hacienda de República Dominicana, donde se ha insistido en que la economía cuenta con liquidez y solvencia suficientes para enfrentar el choque.
A su juicio, ambas visiones deben analizarse con mayor profundidad. Explica que, aunque la economía dominicana dispone de cierto margen de respuesta en el frente externo gracias al flujo de divisas, las reservas internacionales y la estabilidad del sistema financiero, las limitaciones fiscales siguen siendo un elemento que no puede ignorarse en un escenario de petróleo caro.
Ayer, el petróleo de Texas, de referencia para el caso dominicano subió 0.11 %, colocándose a 96.32 dólares el barril. El Brent de referencia en Europa subió 3.83 %, a más de 107 dólares. Ng Cortiñas sostiene que el alza del precio del crudo no responde a simples movimientos especulativos de los mercados, sino a riesgos reales sobre la oferta global derivados de la tensión geopolítica en el Golfo Pérsico. Ese contexto, según explica el economista, coloca a economías importadoras de energía como la dominicana en una posición estructuralmente vulnerable frente a los cambios abruptos en los mercados energéticos.
El impacto, advierte, no se manifiesta a través de un único canal. Se transmite de manera simultánea mediante el aumento de la factura petrolera, la presión sobre el tipo de cambio, el deterioro potencial de las cuentas fiscales y, sobre todo, el efecto inflacionario que termina propagándose a sectores de la economía.
En ese proceso influyen no solo los incrementos directos en los combustibles, sino también los llamados efectos de segunda ronda. “Cuando el petróleo sube, aumentan los costos de transporte, de producción industrial y de distribución, y generan ajustes en múltiples precios relativos que amplifican el impacto inicial”, advierte.
Los primeros indicios de ese proceso ya comienzan a observarse. El Gobierno ha autorizado incrementos parciales en algunos combustibles (después de tenerlos más de 30 semanas sin variación) y, al mismo tiempo, ha elevado el subsidio estatal para evitar que el aumento internacional se traslade de forma completa al consumidor. Ese subsidio semanal supera los RD$1,100 millones.
Para la semana del 14 al 20 de marzo de 2026 la gasolina premium sube RD$5.00 y pasa a RD$295.10 por galón; la gasolina regular sube RD$5.00, hasta RD$277.50. El gasoil regular también se incrementó RD$5.00 y se sitúa en RD$229.80, y el gasoil óptimo sube RD$5.00 para colocarse en RD$247.10. Entre los derivados con mayores ajustes figuran el avtur, que subió RD$67.37 y se venderá a RD$302.40 por galón; el kerosene, que sube RD$73.20 hasta RD$343.80; el fueloil #6, con un alza de RD$32.43 hasta RD$188.83; y el fueloil 1%S, que aumenta RD$27.01, hasta RD$198.20. El GLP sigue sin cambios, en RD$137.20 por galón y el gas natural sigue en RD$43.97 por metro cúbico.
Ng Cortiñas dice que el Estado está intentando distribuir el impacto entre el presupuesto público y el consumidor final. Sin embargo, advierte que el margen para sostener esa política durante un período prolongado es limitado.
El Presupuesto General del Estado para 2026 fue elaborado bajo la premisa de que el petróleo promediaría cerca de 60 dólares por barril. El comportamiento del mercado internacional está muy por encima de esa referencia, lo que reduce significativamente el espacio fiscal previsto para enfrentar un escenario de encarecimiento del crudo.
A esa brecha se suma un déficit fiscal proyectado en torno al 3.2 % del producto interno bruto, así como una estructura de gasto público caracterizada por alta rigidez y una carga creciente de intereses que absorbe una parte importante de los ingresos fiscales.
En ese contexto, sostener subsidios elevados varias semanas o meses implicaría presiones adicionales sobre las finanzas públicas. El economista explica que, si el subsidio semanal se mantuviera alrededor de RD$700 millones, los recursos disponibles permitirían sostener esa política durante unas quince semanas adicionales. En un escenario más exigente, con subsidios cercanos a RD$1,000 millones semanales, el margen se reduciría aproximadamente a once semanas.
Mientras ese debate fiscal se intensifica, el comportamiento de los mercados internacionales continúa siendo el principal factor de incertidumbre.
Es un choque energético de intensidad en décadas
El economista Raúl Ovalle advierte que el escenario actual podría representar uno de los choques energéticos más intensos registrados en décadas. Según su análisis, el conflicto se desarrolla en una región que concentra cerca de un tercio de la producción mundial de petróleo y una proporción considerable del comercio global de gas natural.
Ovalle explica que el problema central radica en la interrupción potencial del tránsito por el Estrecho de Ormuz, por donde normalmente circulan alrededor de 20 millones de barriles diarios. Si una parte significativa de ese flujo queda atrapada o limitada por el conflicto, el mercado global podría enfrentar un déficit relevante de oferta. Ese desequilibrio, señala, tiene consecuencias inmediatas en los precios.
Cuando la oferta de petróleo se reduce y la demanda se mantiene relativamente estable, el ajuste ocurre principalmente a través de aumentos en el valor del barril.
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