Este 1º de abril, la NASA da un nuevo paso hacia la exploración lunar con el lanzamiento de Artemis II. El despegue, originalmente previsto para febrero, se pospuso tras detectarse fugas de combustible y helio, inconvenientes que obligaron a revisar a fondo el sistema de propulsión.
Artemis II es la primera misión tripulada del programa que busca devolver a la humanidad al entorno lunar, y servirá como vuelo de prueba para demostrar que la nave Orión puede transportar astronautas de manera segura en el espacio profundo. Durante los próximos diez días, cuatro personas orbitarán la Luna sin posibilidad de reabastecimiento ni de recibir alimentos frescos.
En este escenario, la logística alimentaria se convierte en uno de los desafíos centrales: qué comerán los astronautas durante la travesía y cómo la NASA diseñó un menú capaz de sostener su salud y ánimo a casi 400.000 kilómetros de la Tierra.
Menú espacial: una despensa sin margen de error
La NASA detalló que la nave Orión parte sin refrigeración ni posibilidad de reabastecimiento. Todos los productos a bordo son no perecederos, seleccionados para evitar la generación de migas y residuos peligrosos en microgravedad. Los alimentos se presentan listos para consumir, rehidratables, termoestabilizados o irradiados, y los astronautas usan un dispensador de agua potable junto a un calentador portátil para preparar las comidas.
La agencia aclaró en su reporte oficial que “los alimentos no perecederos ayudan a gestionar la seguridad y la calidad alimentaria durante todo el periodo de conservación previsto en una nave espacial compacta y autónoma, al tiempo que reducen el riesgo de migas o partículas en microgravedad”. Por eso, el pan tradicional quedó descartado y las tortillas y panes planos de trigo se convirtieron en los protagonistas de la dieta diaria.
Variedad y sabor en órbita: qué incluye la dieta lunar
En total, la misión lleva 189 ítems únicos y más de diez tipos de bebidas. El menú abarca granola con arándanos, huevos revueltos, salchichas, quiche de verduras, brisket de res, macarrones con queso, brócoli gratinado, ensalada de mango, couscous con nueces y coliflor con calabaza butternut. Las bebidas, limitadas por el peso y el espacio, incluyen café, té verde, limonada, cacao, sidra de manzana y smoothies de mango-durazno y piña. Cada astronauta puede elegir hasta dos bebidas saborizadas al día.
La lista de untables y condimentos contempla cinco tipos de salsas picantes, jarabe de arce, mantequilla de maní, miel, mostaza picante, canela, mermelada de fresa y mantequilla de almendra. Para el postre y los momentos dulces, el menú ofrece chocolates, galletas, budín, torta, cobbler y almendras caramelizadas.
La NASA incorporó una novedad nutricional: el amaranto, un pseudocereal rico en proteínas y sin gluten. Su inclusión responde a la necesidad de diversidad nutricional y a la demanda de alimentos que contribuyan a mantener la función muscular, la densidad ósea y la capacidad cognitiva de los tripulantes.
Preparación y consumo: la cocina en el espacio
La nave Orión cuenta con un dispensador de agua potable para rehidratar los alimentos y un calentador compacto que utiliza resistencias eléctricas para servir algunos platos calientes. Durante el lanzamiento y el reingreso, los sistemas de agua y calentamiento permanecen inactivos, por lo que los astronautas solo pueden acceder a productos listos para comer.
La termestabilización y la irradiación aseguran la conservación de los alimentos, eliminando bacterias y microorganismos sin alterar el sabor ni la calidad nutricional. De acuerdo con la FDA estadounidense: “La irradiación no hace que los alimentos sean radiactivos, no compromete la calidad nutricional ni cambia notablemente el sabor, la textura o la apariencia”.






