Por: Yokasta Rojas.–
Al iniciar un proyecto o una relación, es natural acostumbrarnos tanto a esa nueva realidad que rara vez nos detenemos a pensar en la posibilidad de enfrentar el camino en soledad. Nos sumergimos en la rutina, en la compañía, en la idea de que el éxito o la continuidad dependen de esa conexión. Pero, ¿qué sucede cuando la vida nos separa de aquello o de quienes creíamos indispensables?
En esos momentos, emerge la verdadera esencia de quienes somos. Es entonces cuando debemos elegir: sacar nuestra fortaleza interna o detenernos. Si logramos enfocarnos en lo positivo de lo que inicialmente percibimos como negativo, descubriremos que siempre podemos decirnos: SÍ PUEDO.
A veces, las circunstancias adversas no son más que oportunidades disfrazadas. Nos revelan nuestra capacidad para resistir, la fuerza que llevamos dentro, y nos demuestran que somos más valientes y resilientes de lo que imaginábamos. Son esos momentos los que nos enseñan que estamos listos para enfrentar lo que la vida nos depare, sin depender de factores externos.
Podemos volar tan alto como el águila, si aprendemos a vivir practicando el desapego. Entender que todo pasa y que nada es permanente nos permite fluir con mayor ligereza, sonreír ante la adversidad y recordar siempre que nuestra felicidad no depende de nada ni de nadie. Al liberarnos de esa dependencia, nos abrimos a una vida más plena y equilibrada.

