El líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Khamenei, concedió “plena autoridad” al ministro de Exteriores, Abbas Araqchi, para negociar a su discreción este sábado en Roma un acuerdo nuclear con Estados Unidos basado en nueve puntos.
Entre los puntos a tratados destacan garantías de preservación de un posible pacto, la eliminación de sanciones a la república islámica y la contención de países “alborotadores” como Israel.
En el marco de la segunda ronda de negociaciones, Araqchi se reunió, aunque en un formato de conversaciones indirectas, con el enviado especial de EEUU, Steve Witkoff.
Medios iraníes afirmaron que las charlas se desarrollaron en un ambiente “constructivo” y el régimen persa confirmó que la próxima ronda de diálogos será el próximo sábado.
Omán aseguró que el diálogo entre EE.UU. y el régimen de Irán tiene como objetivo garantizar que Teherán no desarrolle armas nucleares.
Estas conversaciones son las primeras de esta índole desde que la primera administración de Donald Trump decidiera abandonar unilateralmente en 2018 el llamado Plan de Acción Integral Conjunto, histórico, acuerdo nuclear firmado tres años antes entre Teherán y las potencias mundiales.
Trump acabó marchándose del acuerdo, un logro de su predecesor, Barack Obama, tras asegurar que el pacto no estaba obteniendo resultados y que Irán estaba a punto de hacerse con un arma nuclear.
“Seriedad, garantías, equilibrio, ausencia de amenazas, celeridad, eliminación de sanciones, rechazo al modelo libio, contención de los alborotadores (como Israel) y facilitación de la inversión, sin concesiones”, ha zanjado el asesor clerical en referencia particular al acuerdo de 2003 entre el libio Muamar Gadafi con Occidente para desmantelar los programas nuclear, químico y de misiles de Libia.
Irán propone un acuerdo de tres fases que vincula la posibilidad de reducir la velocidad de enriquecer su uranio a cambio del levantamiento de las sanciones financieras y de la prohibición de exportar petróleo que impuso Estados Unidos.
Además, Teherán se comprometería a autorizar inspecciones técnicas lideradas por las Naciones Unidas y, al final del proceso diplomático, entregar el uranio enriquecido a un tercer país, si el Capitolio aprueba el acuerdo bilateral que este sábado se debate en Roma.

